miércoles, 28 de enero de 2009

Sexo. Niños víctimas de Pedofilia: categorías del victimario

... El DSM IV (4) establece tres criterios diagnósticos claros: “A. Durante un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños prepúberes o niños algo mayores, generalmente de 13 años o menos. B. Esos comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Y C. La persona tiene al menos 16 años y es por lo menos 5 años mayor que el niño o los niños de los que abusa”. Por tanto “no debe incluirse a individuos en las última etapas de la adolescencia (entre 15 y 19 años) que se relacionan con personas de 12 o 13 años”. Si tienen el mínimo de 16 años, son pedofílicos solo si tienen relaciones con niños menores de 11 años.

Los griegos de casi dos mil años atrás, llevaban una vida sexual muy variada. Para satisfacerla, tenían una esposa, una concubina, una prostituta o hetaira, una esclava y un efebo. Este último era un niño o joven que estaba a su cuidado, a quien enseñaba cuanto sabía y era frecuente que también tuviera relaciones (homo)sexuales con él. Nadie lo veía como una desviación.

Cuando Freud afirmó que existía la sexualidad infantil, sus detractores lo acusaron de que con tamaña suposición, pretendía manchar el segmento más puro de la humanidad. Para los clásicos, la sexualidad comenzaba después de la pubertad, con la capacidad reproductiva instalada. Pero Freud tenía razón. Sólo que la sexualidad infantil no era vivida con adultos sino a través de juegos ingenuos.



Resumiendo, la preferencia de los adultos o mayores de 16 años, por niños de 13 años o menos, para sus actividades sexuales y que dura no menos de seis meses, se llama paidofilia o pedofilia, del griego “pâis, paidós” (niño) y “philéo” (amar). Es por tanto una enfermedad mental.

Hay -según Descamps (13)- paidófilos de varios tipos: exclusivos: que se sienten atraídos por niños y no exclusivos: que se sienten atraídos tanto por niños como por adultos. Se pueden sentir atraídos sólo por varones: homosexuales; sólo por mujeres: heterosexuales; o por ambos: bisexuales. Los niños pueden ser sus propios hijos, parientes, ahijados u otros familiares: incestuosos; o niños de familias cercanas conocidas o desconocidas: no incestuosos. También pueden ser primarios, secundarios, episódicos, temporarios o crónicos. La edad de las víctimas más frecuentemente elegida por los paidófilos es de 8 a 10 años para las niñas y de 10 años y más para los niños. La enfermedad puede comenzar en la adolescencia, pero es más común en varones de mediana edad, durante periodos de estrés o tensión. Por eso suele ser episódico o temporario. Los casos que recidivan o vuelven a manifestarse varias veces en la vida, son los exclusivos por el propio sexo, más que los exclusivos por el sexo contrario, según las estadísticas. Hay paidofílicos que acariciaron sexualmente a sus hijos y lo vuelven a hacer con sus nietos, para escándalo de sus hijas-madres, que reactivan conflictos reprimidos y patologías mentales. Como contraparte, hay niños que fueron abusados sexualmente por sus padres desde muy pequeños, durante toda su infancia y hasta la adolescencia, con graves consecuencias para su salud mental futura. El curso de esta enfermedad es crónico y difícilmente tratable.

Millones de niños son abusados sexualmente en todo el mundo, en el 90 por ciento de los casos, en su propio hogar. No todos los abusos son cometidos por paidófilos, pero ellos cuentan con organizaciones de prostitución infantil que ofrece sus servicios mediante fachadas de excursiones turísticas o de pesca o caza. No es extraño que estas personas busquen la amistad de las familias que tienen niños hermosos, se ganen su confianza o la de sus madres, hasta llegar a casarse con ellas (recordar el argumento de la novela “Lolita” de Navokov), para lograr la intimidad con los niños. También se ven adopciones de niños de países lejanos y subdesarrollados o de familias pobres del propio país, así como recursos aun más complejos y premeditados, como hacerse cargo de una guardería infantil, cursar carreras al efecto y concursar con éxito. Otras veces, raptan niños, lisa y llanamente.

Los paidofílicos explican sus conductas abusivas a través de pretextos pueriles como que “hay que enseñarles la vida” o que “el placer es bueno para los chicos”, o simplemente que el niño los provocó sexualmente. Aducen que su conducta es “educativa” para el niño, o que éste “siente placer” y ello es sano, o que “es un niño o una niña provocador(a)”. Hay niños que aceptan que sus padres abusen sexualmente de ellos para evitar -presuntamente- que aquellos abusen también de sus hermanitos. No es raro que esos padres además sean castigadores. Pero tampoco es raro que los paidofílicos sean excesivamente cariñosos con sus hijos abusados, a los que nunca castigan y colocan el abuso sexual como una muestra de cariño más. Hasta que el niño tiene “uso de razón” y se da cuenta de la conducta inadecuada del adulto.

Como es lógico, los paidofílicos ocultan celosamente su problema a los demás, aunque suele provocarles malestar. Para ello tratan con mucho cuidado al niño, lo llenan de atenciones para ganarse su afecto y lealtad, solicitándoles que no cuenten a nadie lo que pasa entre ellos, que lo guarden como un secreto entre ambos. Si se niegan a hacerlo, surgen las amenazas y castigos de todo tipo, no solo físicos. La lealtad es solicitada por los padres, generalmente, y muchas veces los hijos abusados no los denuncian.

¿Qué conductas sexuales se practican sobre estos niños? A veces los pedófilos se limitan a la observación de los niños, fuentes de sus fantasías. Otras los tocan suavemente, los acarician. Otras, los desnudan solamente, y los acarician sexualmente luego. O se masturban frente a ellos. Progresivamente, pueden llegar a estimularlos oralmente en los genitales o les piden que hagan lo propio con ellos, o digitalmente a nivel anal o vaginal, hasta llegar a penetraciones con objetos y variados grados de violencia que pueden lastimar al niño. Bianco (7) dice que hay un periodo inicial de íntima amistad que dura de 3 a 6 meses antes de que el acto sexual se concrete. Y que los pedófilos suelen ser a la vez coleccionistas. Por lo que toman fotografías o filman sus actividades, material organizado metódicamente. Si se llega al coito, anal o vaginal, se trata de una violación. En esos casos, a la enfermedad parafílica se suman varios delitos sexuales punibles. Cuando no hay penetración, porque mecánica y anatómicamente puede ser imposible, hay atentado violento al pudor. El abuso sexual es doblemente reprobable: por la violencia y porque aunque lo hubiera, el consentimiento del niño no es válido por razones de capacidad. No es rara la concurrencia de paidofilia y sadomasoquismo sexual que explica los casos de violaciones y muertes de niños pequeños y que son la expresión de psicopatologías más graves que superan la simple paidofilia.

Cuando el problema se vive entre padre e hijo o hija, se trata de un acto incestuoso. Dice Bianco (7) que debe diferenciarse una paidofilia de una “Experiencia pedofílica” que consiste en “un acto sexual con un niño pre-púber, en un medio familiar donde hay discordia marital, luego de una pérdida reciente, durante una intoxicación etílica aguda, en medio de una soledad intensa y en personas de avanzada edad”.

Como en todas las parafilias, la paidofilia provoca malestar en la persona, un deterioro notable de su vida social, conyugal y laboral, y su sexualidad suele ser muy primitiva y pobre. Depende del tipo de paidofilia. Pero su práctica es una de las más aberrantes para los demás, dado que sus víctimas son niños incapaces de un consentimiento válido o de defensa alguna, sometidos muchas veces a su autoridad y en situación dependencia con los victimarios. La actividad sexual se realiza aquí entre dos personas desiguales, con una de ellas en notoria inferioridad. Es indignante y reprobable moralmente que quien debería ser para el niño fuente de protección, sea precisamente su victimario.

Cuando los niños abusados sexualmente por paidófilos de su familia, se animan a contárselo a la madre, suelen recibir la burla o el rechazo por respuesta, y la tremenda frustración del desamparo y comprobación de la alianza cómplice -en su perspectiva- de un padre sádico y una madre complaciente que elige no darle crédito para mantener su posición económica o social. Hay una revictimización de estos niños: por el abuso sexual primero y luego por el desamparo.

A los paidófilos hay tratarlos, pues son ofensores sexuales, que pueden recibir apoyo para que no vuelvan a reincidir en sus conductas destructivas.

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